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Té al Atardecer

¿Alguna vez te has imaginado un espacio donde sanar?

Recuerdo que cuando era una adolescente, pasaba cada minuto de cada ida al supermercado en el pasillo de productos de belleza. Mi especial preferencia era la sección de cosas para cabello. Contar esto como mujer no suena extraño, hasta que pones en perspectiva la cantidad de tiempo que yo me quedaba ahí, y la serie de pensamientos que me venían. Tu cabello no tiene movimiento, es delgado, tienes tan poquito, y ese rizo no rizado que se te forma es una pena… ‘¿Qué le puedo poner para que mejore?’ me preguntaba todas las veces, buscando desesperada, fingiendo paz por fuera, para terminar por encontrar algo antes de que mamá terminara el súper. ‘¿Algo que lo alacie? Así al menos se mueve más…’ tomaba un shampoo, y miraba otro, añoraba por uno de los acondicionadores más caros, pero por prudencia elegía otro, y muy poco me interesaba en los aromas. Más de alguna vez busqué algo que sonara más terapéutico porque, encima de todo, tenía una constante incomodidad en la piel cabelluda que nunca se quitaba; dolía. Con el paso del tiempo, más probaba, y más me incomodaba. Probaba marcas, tips, y aún métodos… como el método curly girl que conocí un poquito más hacia mis veinte años. Recuerdo que iba en mi tercer año de la carrera cuando lo empecé a intentar imitar leyendo de blogueras estadounidenses. Más o menos en ese tiempo me había empezado a hacer alaciados de keratina, lo cual había relajado mi rizo no rizado que ya más de alguna vez me habían catalogado como ‘grifo’ o algo así en una estética. El cambio en los shampoos que había tenido que hacer para mantener el alaciado, tenía un punto de conexión al del método rizado, que existía antes de ese boom que llegó a México, en el cual ya se incluía el evitar ceras y siliconas; en mi tiempo, evitar esos todavía no era parte predominante, sino solamente cambiar técnicas de peinado y estrategias en el uso de productos. O sea, comprar productos para rizos con limpiadores no tan agresivos, y hacer especial énfasis en la hidratación y estilizado. Entre los alaciados, y el cambio de productos, mis hebras pudieron crecer como nunca en mi vida. Ahí aprendí que el cabello largo sí se mueve. No sabía yo que mucho de lo que veía en mi piel cabelluda, y en la melena en sí, estaba relacionado a mi salud interna… física y almática; pero en ese tiempo todavía estaba lejos de descubrirlo. ¿Por qué? Porque aunque me sentía constantemente rara de la piel cabelluda, me lastimaba el olor terrible de los tratamientos de keratina, y sufría el estrés por encontrar mi shampoo sin sulfatos porque nada de eso había todavía llegado a México como lo vemos hoy, con tal de ver mi cabello más largo… yo me quedaba en donde estaba. Así me quedé, espaciando los tratamientos por seis o siete meses a causa de que el aroma me inquietaba mucho, porque por lo feo sabía dentro de mí que no podía ser sano; pero me dejaba un ondulado largo muy agradable que me costaba dejar ir. Me hice cinco en total, antes de ver algo en abril del 2019 que me asustó. Mi hermana me sacó una foto de un ángulo muy específico y yo me encontré sin trabajos con que tenía lo que podía parecer una escasez ya elevada en la tapa de mi cabeza. No quiero decir un hoyo, porque todavía tenía pelo ahí, pero…

‘¿Será que se me cae mucho con el jalón de las planchas al hacer el tratamiento?’
‘¿Y si los shampoos no me están lavando bien?’
‘¿Habré sido codiciosa al haberlo dejado así de largo? Tal vez es el peso…’
‘¿Tanta crema y tanta cepillada para formar los caireles?’

Es poco decir que entré en desesperación. Fue ahí, cuando mi hermana me llegó con las nuevas de un método que se veía prometedor, llamado método curly girl. No recuerdo si le dije que ya lo conocía, porque me contó todo lo que iba a cortar de su rutina y yo concordé con que eso sonaba más prometedor que solamente seguir haciendo lo que ya conocía. Siempre había tenido problemas con la sílica, entonces sabía que no era un producto que sirviera para mi tipo de cabello. Ya no usaba sulfatos, entonces eso no fue tan difícil, y total, desesperada, comencé a la par de ella, ayudadas por un grupo de Facebook en donde podíamos ver recomendaciones de productos. Ya no era tan difícil encontrar esos como en mi tiempo previo, pero aún así era complicado. Por ahí de junio, me corté el cabello por encima de los hombros. De ahí empezó una batalla de amor odio, como creo que todas pasamos alguna vez en la vida, con mis rizos. Sabiendo que no podía tener el cabello aplacado y lleno de movimiento como las demás, empecé a hacer mi mejor esfuerzo por dejarlo ser, porque aquello del hueco escaso en la tapa de mi cabeza me aterraba. No quería parecer… ya mejor ni digo qué, jajaja.

Un año me duró el gusto, porque para el 2020, con el inicio de la pandemia, la marca de shampoos a la que mejor me había acomodado simplemente dejó de llegar a México. A partir de ahí, comencé a lavarme el cabello con el shampoo más limpiador que conocía, porque estaba harta de sentir mi cuero cabelludo raro y adolorido todo el tiempo, y… bueno, de la desesperación caí en el pozo de los colores. En un acto de cansancio decidí decolorarlo, y probar todas las cremas con color que existían, a mi alcance, al menos. Rosa, rojo, morado, vino, granada, cobre, café moka, y rubio finalmente… los probé todos. ¿Y con ello? También se me empezó a caer muchísimo. Pasé un bache de muy mala salud entre los años 2020 y 2023, y sé que mucho de lo que no me gustaba de mi cabello, ahí, y antes, creciendo, y todo el tiempo, siempre había tenido que ver con mi salud. Lo que no sabía, ni había imaginado, era que de la marca que había llegado a mis manos, de manos de mi mamá, en el 2010, siendo yo una niña… una mañana empezaría a recibir formulaciones venidas de lo que yo sé que fue el cielo mismo. En 2020, cuando había luz en mi ser y tenía la mente, investigaba y retomaba proyectos platicados un año antes con mi mamá. En 2021, empezamos a encontrar materiales como antes nos había sido imposible. Para 2022, teníamos una serie de pastillas sólidas con las que yo llevaba meses lavándome para probar. Fue mas o menos ahí cuando lanzamos los shampoos inicialmente. A un público silencioso y poco interesado. Sin embargo, yo me quedé utilizando mis propias formulaciones. Requirió dejar de ir al súper a causa de mi salud y la pandemia, y perder el contacto con el mundo entero a causa de mi alma, encontrarme con estas formulaciones; y es poco decir que llegaron como un bálsamo a mi cabeza que todavía utilizo hoy. Requirió un ‘detente’ claro y rotundo para encontrar al fin mi rutina capilar perfecta, donde a través de lo natural y de la tecnología he encontrado salud para mi cuero cabelludo. Yo uso todo, cada que veo que lo necesito. Antes utilizaba los tratamientos más tecnológicos y especializados con más frecuencia, pero el progreso en mi melena ha sido constante, y el uso terapéutico de muchos de los ingredientes utilizados realmente ha surtido efecto: esto me ha dado una rutina de cabello bastante simplificada con el paso del tiempo. Tal que hoy en día tengo pelo, pelo creciendo que me hace ver graciosa cuando me amarro el cabello, rizos que se forman bonitos y brillantes para dar risa si algún día quisiera andar más ‘despeinada’, aunque todavía no me atrevo. Claro que he vivido un camino de sanidad de otro tipo, uno más alto, en el medio de todo esto, pero estos bálsamos… me vinieron a cambiar el juego. Para siempre.

¿Y sabes qué es de lo que más disfruto hoy en día al salir?

Hacer el súper con mi mamá.


Lo que comenzó con una búsqueda personal, hoy se convierte en un espacio para muchas:

¿Por qué te cuento todo esto? Porque hoy quiero invitarte a ser parte de este camino conmigo, en un programa titulado como esta publicación:

🫖 Té al Atardecer

Una categoría para las que buscan más que un producto.
Un espacio para las que buscan una pausa.

Algunas cosas no se eligen… simplemente llegan.
Llegan como una conversación inesperada, como un rayo de sol que entra por la ventana justo cuando más lo necesitabas.
Así nació Té al Atardecer.

No es solo una rutina de cuidado.
Es una manera de recordarte que mereces lo que te hace bien.
Que tu historia, tu tipo de cabello, tu manera de vivirlo…
todo eso importa:

Cada rutina es una historia. Cada historia es una perla.

A veces lo que más necesitamos no es cambiar…
sino recordar quiénes somos.
Regresar al centro. A lo suave. A lo esencial.

Té al Atardecer no es una línea de productos ni una estrategia de cuidado.
Es un espacio donde la belleza sucede sin prisa,
y donde cada persona que se asoma a este rincón encuentra algo más que una rutina.

Aquí, creamos juntas una selección personalizada, suave y consciente;
Una pausa para volver a ti. Para escucharte.
Y para cuidar tu cabello como se cuida lo que tiene historia.

No hay reglas, solo intención, y en ese pequeño ritual cotidiano… hay una promesa:
Tu brillo no necesita permiso.

En Té al Atardecer reuniremos los perfiles de cada una de nuestras Pearls —mujeres reales con vidas reales, cuyas rutinas fueron diseñadas con atención, propósito y mucho cariño.
No hay moldes. Solo hay momentos.

Porque la belleza verdadera no es lo que ves a simple vista.
Es lo que sucede cuando decides cuidarte con amor, sin prisa, en sintonía con quien te creó. Mucho no lo podemos sanar por otros, pero en este espacio… si acaso logramos que te veas desde otra luz, yo me daré por bien servida.
Y ahí, con el primer sorbo de té, justo cuando baja el sol… te diría:

Bienvenida a Té al Atardecer.
Aquí, cada rutina es una historia.
Y cada historia es una perla.

#TeAlAtardecerconPearl

¿Te unes? Escríbeme a glow@pearlsedasilk.com con tus datos, nombre, edad, y lugar de residencia para empezar.

¡Te espero con emoción!

Pearl

Para conocer más sobre nuestro catálogo y formulaciones, nuestro uso de ingredientes naturales para el cabello, y más, te invito a dar clic a continuación:

Shampoos Sólidos

Acondicionador, Cremas para peinar, y Tratamientos

Sílica en barra, Tacto de Seda, ‘La revolución de las gotas de seda’

Y para conocer la rutina que utilicé en la foto de amarillo, te dejo esta publicación reciente en nuestras redes: (hay más rutinas ahí)

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